El águila y la zorra

Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron vivir juntas con la idea de que eso afianzaría su amistad. El águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra al pie del mismo árbol. Un día queSigue leyendo «El águila y la zorra»

Las ranas pidiendo rey

Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que vivían, mandaron una delegación a Zeus para que les enviara un rey. Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su charca. Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron donde mejor pudieron. Por fin, viendo queSigue leyendo «Las ranas pidiendo rey»

Las velas del amador

Don Juan Tenorio había llorado sobre la tumba de Doña Inés. Al final, acaso, había entendido que el Amor era una expiación. Por eso, en la escena del teatro se develaba una estatua. En medio de las sombras Doña Inés sale de su tumba y exclama: “Don Juan mi mano asegura/esta mano que a laSigue leyendo «Las velas del amador»

Brujas sobre Ibarra

Desde arriba del Torreón, la ciudad, en las noches de luna, parecía una maqueta parda llena de tejados, que guardaban jardines atiborrados de buganvillas, nogales e higos. Más arriba, en cambio, se distinguían las palmeras chilenas: enjutas y lustrosas, pese a la intensidad nocturna y las exiguas farolas, alumbradas con mecheros que –de cuando enSigue leyendo «Brujas sobre Ibarra»

La lora patoja

No hace mucho tiempo, quizá un medio siglo atrás, en las estribaciones de los andes, en uno de los pocos rincones selváticos que quedan entre el yunga y la sierra, muy cerca de una quebrada profunda y de suelo casi inaccesible para los humanos; en donde aun quedan pocos árboles milenarios, muchísimos chaparros, unas cuantasSigue leyendo «La lora patoja»

El abejero de las barbas de oro

Hace mucho tiempo atrás, en una de las comarcas de la serranía ecuatoriana, cuando las Familias estaban integradas por muchos hijos y más parientes cercanos y se dedicaban a la agricultura y al cuidado de pocos animales domésticos. Cuando las casas estaban asentadas a varios kilómetros, y cuando tenían que comunicarse en casos de emergencia,Sigue leyendo «El abejero de las barbas de oro»

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